Un orden de trabajo para pasar de no tener presencia digital a que un cliente pueda encontrarte, entenderte y escribirte.
Antes de abrir cuentas, escribe una frase que diga qué ofreces, para quién y dónde operas. Esa frase va a repetirse en tu perfil, en tu mensaje de WhatsApp y en tu menú. Si no la tienes clara, cada canal dirá algo distinto y el cliente se pierde.
Necesitas cuatro cosas: un logo o una foto reconocible, tres fotos reales de tu producto o local, tu horario y tu forma de contacto. No hace falta una sesión profesional; una cámara de celular con buena luz natural resuelve.
No abras cinco redes a la vez. Elige la que tus clientes ya usan y trabájala bien. Para la mayoría de negocios locales, eso es Instagram para mostrar y WhatsApp para vender.
Un número escrito en una publicación obliga al cliente a copiarlo y buscarte. Un enlace directo abre el chat con el mensaje ya escrito. Esa diferencia es la que se nota en la cantidad de conversaciones que recibes.
Un código QR en la puerta, en la mesa, en la factura o en la bolsa lleva a quien ya está contigo hacia tu catálogo o tu chat. Es el puente más barato entre lo que ya tienes y lo digital.
Revisa cuántas personas te escribieron y por qué canal. Lo que no se mide se repite igual. Con dos o tres datos ya puedes decidir dónde poner tu esfuerzo la semana siguiente.
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